Cómo se prepara Bolivia para una posible tercera ola de incendios forestales en áreas protegidas

Lo que sucedió en El Palmar, un parque nacional de Chuquisaca, no se había visto en muchos años. Foto: Escalante J/ Gentileza: Mario Sardán.

Expertos en sistemas de información geográfica y meteorología señalan que si bien ven un inicio de año húmedo, la sequía y posibles heladas en la época de invierno pueden desatar una nueva temporada de incendios forestales.

Según se señala en un reportaje colaborativo entre Mongabay Latam, La Región y Red Ambiental de Información, la preocupación es mayor este año, pues se ha removido a personal clave de las áreas protegidas de Bolivia y la urgencia de la reactivación económica podría promover las actividades agrícolas sin considerar el impacto en el medio ambiente.

Hasta hace dos meses, Mario Sardán era director del Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) El Palmar de Chuquisaca. Antes de recibir su memorándum de despido, trabajaba en prevenir posibles incendios forestales, como los cuatro que ingresaron a la reserva en octubre pasado. Además, asegura, buscaba financiamiento para poner en marcha un plan estratégico que mejore la capacidad de reacción frente a nuevas emergencias. Personas que conocieron de cerca su gestión señalan que fue a través del turismo que logró incluso compensar la falta de recursos del Estado.

Él asegura que se acostumbró a “no pedir fondos” al gobierno, porque “es una pérdida de tiempo”. Recurrió a empresas privadas en Sucre. “Hice senderos, transformé recursos en atractivos turísticos. En 2019, antes de la pandemia, en tres meses teníamos 75 mil bolivianos (10 700 dólares), casi lo que tenía en presupuesto”, señala. De no haber sido por la pandemia, según Sardán, podría haber ayudado a las comunidades que viven en el área de influencia de la reserva.

Pero el 13 de enero, Sardán y otros directores fueron notificados de su salida. De los 22 directores del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), solo el del Parque Nacional Iñao permanece en el cargo, el de San Matías fue transferido al área protegida Kaa Iya y el jefe de protección de Toro Toro, asumió como director. El resto, son todos nuevos.

Científicos, organizaciones ambientalistas y expertos, que han criticado este cambio inesperado en las direcciones de las áreas protegidas, temen que esta decisión esté asociada a la necesidad de impulsar la economía sin tomar en cuenta el medio ambiente y la temporada de incendios.

“Este año se perfila como complicado climáticamente. Hay que estar atentos para ver los escenarios (de incendios). Con dos años de actividad productiva paralizada por la crisis política y la pandemia, ahora en 2021 todos van a querer salir a producir”, dice Carlos Pinto, gerente de proyectos de manejo de fuego de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

¿Cómo planea reactivar la economía el nuevo gobierno?¿qué plan tiene para prevenir el impacto de los incendios en los ecosistemas de Bolivia?

Lo que los incendios y heladas pueden traer

El análisis de los incendios en Bolivia indica que cada cuatro a seis años se puede vivir una emergencia como la del 2019. Sin embargo, hay variables, como el clima, que condicionan la dimensión de los incendios, como se pudo ver en el 2020.

Aunque la cifra de bosque perdido fue menor, las más de cuatro millones de hectáreas quemadas entre enero y octubre obligaron al Gobierno a declarar desastre nacional. Además, la presencia de fuego fue mayor en las áreas protegidas, según un informe de la FAN. Este mismo indica que, en los últimos dos años, en las 22 áreas de Bolivia se ha reportado uno de estos eventos.

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